6 de diciembre de 2008

Túnel de la Engaña

Sufrimos el otoño más lluvioso en Cantabria desde 1966, borrascas y chaparrones sin tregua, daba la sensación de que tanto agua no era normal. Pues bueno, era sábado y para no variar también llovía, a alguien se le ocurrió la feliz idea de cruzar el túnel de la Engaña, de esta manera evitariamos el agua. Ja!



Nos pusimos en marcha, camino de la Vega de Pas, no paraba de llover y hacía frío, pero daba igual porque ibamos a estar resguardados. Paramos a comprar pilas para las linternas ya en el pueblo (mal comienzo) y llegamos a la antigua estación de Yera. Aparcamos, sacamos las bicis, colocamos las pilas a las linternas y nos dirigimos hacia el túnel. No paraba de caer agua, la pista parecía un río y el agua caída de la montaña formaba espectaculares cascadas, nunca había visto correr tanto agua y en tantas direcciones en mi vida... y todavía faltaba lo mejor.


Ya en el túnel, los primeros metros y con algo de luz del exterior eran muy entretenidos, esquivando piedras, cogiendo mucho barro y patinando, llevándonos algún que otro susto, pero disfrutando.

A medida que se iba oscureciendo, el entretenimiento se transformaba en tensión, las p... pilas no daban lo mínimo esperado (nos las dieron con queso), estaba claro que nuestro sistema de alumbrado había sido un fracaso y no quedaba otra que continuar... retroceder nunca, rendirse jamás!


Casi en mitad del recorrido nos encontramos con un gran inconveniente, un derrumbe de grandes dimensiones nos impedía el paso, parecía que la ruta terminaba ahí mismo. Pero no, tenía un pequeño paso por arriba, así que continuamos. En este momento surgieron los típicos comentarios de ...y si hay otro derrumbe ...y si lo hay después de pasar y nos quedamos ...No te preocupes que saben que estamos aquí, etc. Nos sirvieron para relajarnos un poco y quitar hierro al asunto, ahora parece una tontería todo esto, pero "in situ" no lo es tanto.


Seguimos por el túnel, cada vez había más agua y menos pilas. Llegado un punto, no recuerdo si el km.7 ó km.8 el agua ya nos llegaba a los pies, esto no era lo esperado. A medida que nos acercabamos a la boca sur del túnel, la altura del agua aumentaba hasta tal punto que por el último kilómetro el agua ya pasaba de media rueda.


Al salir del túnel nos encontramos con unos senderistas que estaban estudiando la posibilidad de cruzarlo y que no daban crédito a lo que veían. También nos encontramos con un pinchazo y sin herramienta, por lo menos teníamos cámara, así que a improvisar. Dimos una pequeña vuelta, unas fotos y por si no tuvimos suficiente... vuelta por el mismo camino.


No recomiendo a nadie que haga esta ruta, es una imprudencia. Hay muchas probabilidades de pegarse un castañazo sin saber siquiera dónde vas a caer, y si hay barro estas aumentan, sin contar lo más peligroso de todo, los derrumbes que cada vez son más frecuentes... y el mundo está lleno de casualidades.

Pero que conste que fue una auténtica aventura.