16 de octubre de 2011

El Puente de la Marmota

Para culminar unos días de ocio por la capital de España, Valentín, esta vez ejerciendo de anfitrión, y muy bien por cierto,  me preparó esta ruta  por la sierra norte de Madrid, con destino a un lugar cuando menos curioso, el Puente de la Marmota.

A continuación su crónica...  

"Después de que Carlos y Aurora pasaran una amena noche de teatro y copichuelas por Madrid, se acerca tempranito a mi casa para lanzarnos a una, para mí, intensa travesía semiurbana por el norte de Madrid con un pequeño tramo endurero. Salimos a las 8:30 de mi casa rumbo al carril bici de la carretera de Colmenar Viejo. Carril que discurre paralelo a la autovía, perfectamente asfaltado, separado por valla de la carretera pero que, por el denso tráfico (y eso que era domingo), el ruido y la atmósfera tan poco saludable que se respira en la capital de España, a cualquier otro le animaría poco a salir a disfrutar de la bici.
Los primeros 13 km los hacemos por el mencionado carril bici hasta la localidad de Tres Cantos. En ese punto giramos a la izquierda por pista y después de una suave bajada con alguna “playa” llegamos hasta el seco arroyo Tejada. Aquí cambia radicalmente el paisaje y la travesía. Seguimos en la misma dirección que la autovía, pero ya estamos suficientemente lejos como para no oír el ruido de los coches y sí pajaritos. Hasta el aire se hace respirable. Se nos une un grupo de bikers que venían desde el barrio de Aluche, es decir, llevaban 20 kilómetros más que nosotros y, evidentemente, les quedaban otros 20 más. Atravesando el arroyo que, en otoños y primaveras de pluviometría generosa lleva agua como para hacerte bajar de la montura (en este caso seco, seco, seco), llegamos hasta las laderas que conducen hasta Colmenar. El ritmo es llevadero, supongo que Carlos iba dosificando su esfuerzo temiendo mi infernal cadencia subiendo y, sobre todo, bajando, jeje .



Comenzamos a ascender por un pista llena de guijarros pequeños que al grupo que venía con nosotros y Carlos les hace gracia por aquello de meterle un poco de alegría a la ruta pero que a mi, como es costumbre, me hace polvo. Con la excusa de que iba muy abrigado y necesito parar para quitarme ropa nuestros improvisados compañeros de ruta no se alejan. Después de unos cuantos kilómetros ascendiendo por ruta volvemos al asfalto, cerca del cementerio donde una corta subidita me deja un poco más agotado. Ya en la localidad de Colmenar paramos a avituallarnos compartiendo, por última vez, charla con el grupo de Aluche.

“Carreteamos” un poco en dirección a Hoyo de Manzanares y al dejar la civilización nos adentramos en el parque regional de la cuenca alta del río Manzanares. Bajamos por las revueltas preciosas de la carretera y ascendemos por una suave tachuela que, nuevamente, se me atraganta. Carlos, al menos, disfruta del paisaje de la sierra madrileña. A ocho kilómetros de Colmenar nos desviamos por pista hacia la bajada del Puente de la Marmota. Pista ancha y en ligera bajada que nos permite alcanzar velocidad de disfrutar. Sigue habiendo piedra y yo con mi rígida montura tengo que ralentizar la velocidad. Llegamos a un punto donde nos rodea el olor de la jara y el silencio es roto por algún pajarillo despistado. En este ambiente tan extraño para ser Madrid pero con la tranquilidad que reina, hasta la boina de contaminación que vemos sobre toda la ciudad de Madrid tiene cierto encanto.



A partir de aquí la bajada se hace más pronunciada. Se corta la pista con la valla del Monte de El Pardo y nos obliga a bajar por un sendero estrecho y endurero de verdad (o por lo menos eso es lo que dicen los entendidos). Carlos se tira a tumba abierta y yo, como siempre, midiendo y calibrando cada metro que recorro. Cuando nos volvemos a ver, Carlos está tentado subir para volver a disfrutar del tramo. Llegamos por fin al Puente de la Marmota. ¿A quién narices se le ocurriría construir un pequeño puente en ese paraje perdido de la mano de Dios? Foto de rigor y asombrarnos un poco más, sobre todo para los que vivimos en Madrid, de cómo pueden existir sitios tan perdidos y bonitos tan cerca de la capital.

Yo que ya conozco el camino inicio de nuevo la ruta andando. Carlos, más osado, cree que puede subir un tramo lleno de pedrolos de los gordos. Se topa con la realidad y tenemos que hacer verdaderos esfuerzos para culminar una ascensión digna de las mejores cabras montesas. Montados ya el recorrido se hace entretenido junto a la valla de El Pardo y el inicio del embalse del mismo nombre. Alguna subidita fuerte que la aridez del terreno y las playas la hacen más dura de lo normal.

El Puente de la Marmota
Cuando culminamos la subida llegamos al mirador de Valdeleganar, donde además de tener unas buenas vistas de la Sierra de Madrid, coincidimos con un grupo de un montón de chicas en bicicleta muy animosas que pretendían hacer la ruta contraria a la que hacíamos nosotros (Carlos y yo nos miramos cruzando gestos de incredulidad acerca de tamaña aventura). Después de avituallarnos reiniciamos la marcha sin confirmar si el grupo se atrevió a seguir la senda del Puente de la Marmota. Descenso rápido por pista hasta llegar otra vez al arroyo Tejada y a subir lo que bajamos desde el carril bici de la carretera de Colmenar. Cuando enlazamos con el asfalto compruebo que he pinchado la rueda delantera. Gracias a la habilidad de Carlos en estas lides, cambiamos relativamente rápido y a concluir la ruta ya por asfalto con pocos sobresaltos, aunque en mi el cansancio es muy representativo. En total, según mi rutómetro, casi 60 kms y 3 horas y media. Demasiado para mi cuerpo.

Por lo menos he dejado a Carlos con el caramelo de que la próxima vez tenemos que subir a la Pedriza".



Una ruta muy diferente de la cual guardo un grato recuerdo, aunque el color del paisaje y la aridez del terreno es lo que más llama la atención a simple vista, también se hacen notar otros aspectos como el peculiar olor de la sierra, la escasa humedad o la cantidad de gente por el carril bici, jeje.
La exigencia física es media y técnicamente el único tramo complicado de hacer montado son unos metros de subida desde el mismo Puente de la Marmota, aunque estando en forma lo veo factible.
Sobre el track, decir que al no llevar gps, está dibujado después de realizar la ruta, he intentado que sea lo más aproximado posible y creo que es válido para poder seguir la ruta, pero no estoy del todo seguro, así que si alguien lo usa y nos puede confirmar su validez sería de gran ayuda.
Y por último, si como nosotros, sientes la curiosidad de saber el origen y la historia de dicho puente, en este interesante blog sobre Madrid -pasionpormadrid.blogspot.com.es- encontrarás la respuesta.

Se me olvidaba... volveremos a Madrid para disfrutar de ese caramelo llamado La Pedriza.

1 de octubre de 2011

Desfiladero de Las Xanas y Angliru

Alguno de nosotros tuvo la genial idea de subir el mítico Angliru, un pequeño reto probablemente alentado por la gran etapa y posterior victoria de nuestro paisano Juanjo Cobo en la Vuelta a España. Como de costumbre sin pensarlo dos veces pusimos en marcha la maquinaria de I+D para ver las opciones que teníamos por la zona. 
Después de estudiar mapas y tracks descargados, ver fotos, videos y recibir un buen asesoramiento en foromtb.com por parte de nuestros vecinos asturianos, a los que desde aquí damos las gracias.

Desfiladero de las Xanas
Para empezar el día un buen madrugón, a las 6:00am ya estábamos en carretera rumbo a Asturias, Rafa, Fonso, Chaves y yo. Después de algo más de 2 horas de viaje llegamos a Proaza, pueblo conocido entre otras cosas por albergar a las famosas osas Paca y Tola (esas que no "ponían" nada a Furaco) y por tener una de las vías verdes más bonitas y cuidadas del país, la llamada Senda del Oso.
Comenzamos pedaleando un poco por la senda hasta adentramos en el Desfiladero de las Xanas, nombre que recibe de la mitología asturiana (dícese de las hadas que habitan lugares por donde fluye el agua a modo de ríos, cascadas, arroyos, etc.). El lugar es de una belleza y espectacularidad impresionante, recuerda un poco a la ruta del Cares y su recorrido en BTT aunque  ciclable en su totalidad requiere de muchísima precaución, en caso de no tener seguridad es más que recomendable apearse de la bici pues un error puede no contarse, basta decir que los tramos más estrechos y vertiginosos están protegidos con pasamanos de cuerda para agarrarse. Pasada la garganta el sendero se interna en un bonito bosque de hayas y castaños, al abandonarlo encontramos un pequeño tramo final en el que portear la bici antes de llegar a Pedroveya, pueblo en el que destaca su iglesia y sus numerosos y bien conservados hórreos, aparte de su gastronomía, que por desgracia no pudimos degustar... ¡Una lástima! pero una fabada y un pitu caleya no parece muy compatible con dar pedales... y menos si se tiene la intención de subir al Angliru.


Desde Pedroveya, ya por asfalto y carreteras locales atravesamos varias localidades, La Cotina, Peñerudes, Vegas de Cardeo, La Enseca, El Pumar y Busloñe, cogiendo altura poco a poco como apertivo antes de atacar al coloso desde el área de Viapará, ya en la carretera RI-5 y considerado el inicio del "infierno ciclista".
Una breve parada  para reponer agua y a por los 6 kms más temibles... Las primeras rampas de Les Cabanes nos sirven para darnos cuenta de donde nos hemos metido, la ascensión continua alternando porcentajes altos con pequeños respiros (por llamarlos de alguna manera ¡claro!), hasta llegar a la famosa Cueña les Cabres con su pico del 23,5%...ufff! un kilómetro eterno que ofrece a cada uno su particular calvario, continuamos sin treguas y siempre con el ojo puesto en esos cartelillos indicadores  que se encargan constantemente de recordarte lo que vas a sufrir en los siguientes metros. Ya en la cima gozamos del merecido descanso y de la satisfacción del deber cumplido. Unas fotos para el recuerdo y a continuar...

Cruzamos un par de vegas de una singular belleza y tranquilidad (foto inferior) antes de descender por una pista muy rápida hacia La Villa y Villar de Salcedo. Salvo algún pequeño atajo "made in cabrabike" continuamos descendiendo por la carretera comarcal hasta enlazar con la Senda del Oso y regresar al punto de partida. Unas cervecitas y algo para picar y vuelta a casa.


Ruta con un IBP=171DC de una gran belleza paisajística que combina todo tipo de terreno, tiene 3 zonas claramente diferenciadas, la primera el espectacular y llevadero ascenso por el desfiladero de las Xanas, la segunda la subida por carretera al Angliru, aburrida y muy dura pero motivadora, y una última el descenso y retorno por la Senda del Oso. La zona tiene enormes posibilidades, algunas de ellas endureras y de las que ya hemos tomado buena nota para una futura visita. El único inconveniente que encontramos es la distancia, el desplazamiento unido a las horas de ruta requiere de mucho tiempo, pero sarna con gusto...