10 de septiembre de 2016

Un "8" por Navafría

Después de varios días buscando en wikiloc rutas chulas por la sierra, localizo en el puerto de Navafría ciclistas que habían hecho el 8 de Navafría. La diseño en el Sigma y la cargo en el aparato para recorrerla cuando tenga una pequeña oportunidad en las siguientes semanas. El plan de la subida a la Quesera de este se chafa, por lo que activo el plan para hacer esta ruta, aun a sabiendas que al 99.99% de posibilidades la haré solo porque es difícil encontrar otro zumbado que quiera pegarse el madrugón para acompañarme.

Como si un día laborable se tratara, a las 6:30 me levanto y después del ritual del desayuno y vestido ciclista, me meto en el coche rumbo a Lozoya, punto de partida. A las 8 estoy ya pedaleando con unos agradables 14 grados que me permiten hasta ponerme los manguitos.

La ruta empieza por la carretera de subida al puerto con un desnivel “agradable”, aunque se echa en falta no haber calentado un poco más. Me alcanza un tipo que ya venía en bici de carretera y preguntándome si subo al puerto y la distancia que hay casi se anima a acompañarme por pista. El desconocimiento de si la pista estaba bien para que él pudiera rodar por ella le hace desistir y en la curva en la que se inicia la pista el sigue por la carretera. Un vecino muy amable me indica la ruta correcta para subir.

A partir de aquí, las rampas suben un poco más alcanzando en muchas ocasiones los dos dígitos de desnivel, llegando, incluso al 14%. Aún así, la pista está en perfectas condiciones y el silencio, apenas roto por el trinar de los pájaros (qué bucólico ha quedado), me hace disfrutar como hacía tiempo. Son unos 3,5 km con una pendiente constante entre robles que aportan algo de sombra al camino. También es cierto que el sol todavía no está en todo lo alto.
















Después se llega a un pequeño descansillo donde se pueden ya apreciar, con la altura alcanzada, las impresionantes vistas del valle del Lozoya. Quito los manguitos y a afrontar la siguiente fase en la que la pista empieza a tener un poco más de grijo, piedrecitas y pedrolos, aunque sigue siendo perfectamente ciclable. El bosque de robles cambia al típico pino de montaña de la zona.
















A los 7 km desde la salida se vuelve a llegar a otro descansito para afrontar la última subida hasta el cruce con la Horizontal. Aquí, en un par de puntos tengo que echar pie a tierra, ya que mi innata impericia para pasar por encima de unos piedrolos considerables me impide continuar montado.

Se suben los últimos 2 km de subida hasta el cruce de la Horizontal con una pendiente más suave y cuando se llega al cruce, rodar se convierte en una gozada por el estado del firme y por las vistas que se comienzan a disfrutar desde esa altura. Me encuentro con unos chavales que habían pinchado, les ayudo un poco a colocar los frenos y continúo con mi ruta. Ahora el camino es un ligero descenso, dominando a la izquierda unas magníficas vistas del valle del Lozoya.


En lo alto del puerto, desciendo unos metros para desviarme a la izquierda por medio pista, medio camino casi asfaltado con barrera que los peatones y ciclistas podemos salvar sin dificultad. Ahora el camino pica un poco hacia arriba y las impresionantes vistas desde el mirador de Navalcollado son ahora hacia la derecha y a la vertiente segoviana del puerto.

Con las paradas de rigor para inmortalizar el momento y recuperar fuerzas (que bien sientan los plátanos cuando estás montando en bici), se inicia el rapidísimo descenso por una zona asfaltada con buena visibilidad que me lanza a velocidades más que respetables. Hay que ser prudente porque la pendiente es alta.

Llegado a una curva a la derecha me encuentro con un desvío a los Chorros un poco a la izquierda. Como había trazado la ruta por la carretera, decido seguirla en vez de ir por la pista de los Chorros. Cuando llego a casa y veo por donde desciende la pista de los Chorros no lo dudo: la próxima vez bajaré por ahí.
















Sigue el vertiginoso descanso por asfalto hasta llegar a la entrada del área recreativa de los Chorros y continúo hasta la entrada del pueblo de Navafría. El cerrado bosque de pinos y la velocidad sin descanso que se alcanza me piden un poco de calor y se agradece un montón los rayos de sol que ya empieza a calentar. La sensación desaparece rápido porque llegado al pueblo se inicia nuevamente y de forma muy ligera el ascenso de vuelta.

Apenas dos km por la carreta comarcal para desviarse a la izquierda a la presa del río Cega. Se continúa otro par de km por asfalto hasta que finaliza en una barrera y comienza la ascensión por pista. La subida por esta vertiente se puede hacer, al menos, por un par de pistas. La que elegí son casi 6 km se subida continua por una pista con mucha piedra y un poco irregular que hace el pedaleo incómodo. La pendiente no es muy alta, pero se indigesta un poco al tener que ir esquivando las piedras y pequeños surcos del camino. Pasado ese tramo de subida continua, las rampas dan un respiro, aunque de manera intermitente se sigue subiendo durante 4 km más hasta llegar al alto.

Por el camino, vacas pastando, algunas quieren animarme, otras simplemente están plantadas en medio del camino y tengo que salirme yo para no molestarlas. Salvo pequeños tramos, todo el camino discurre entre altos pinos que proporcionan una sombra que se agradece para paliar el calor del día y el que genera el esfuerzo de la pedalada.

Al pasar un pequeño repecho considerable de apenas 50 metros se enlaza ya con la carretera camino del alto donde se inicia el descenso por carretera durante un par de kilómetros para desviarse a la derecha en un descampado más que camino bien definido. Salvada una barrera, el camino, esta vez ya de esos pestosos, se intuye más que otra cosa.


No recordaba que se seguía ascendiendo y con el mal piso que se tiene que recorrer, el calor y los kilómetros recorridos ese kilómetro y medio se me atraganta un poco. Para mayor incertidumbre, el track marcado en el Sigma gira inesperadamente a la izquierda. Paro y compruebo que a la izquierda no hay más que un barranco, ni sendero ni pista ni nada de nada. Decido continuar la pista hasta donde me lleve. Pregunto a un guarda que me cruzo y me confirma que he de seguir la pista y donde haya cruces, tomar siempre el de la izquierda.

Más tranquilo ya, sigo avanzando hasta iniciar un largo y divertido descenso por la pista rota y llena de polvo. Curvas violentas, piedras en el camino y pendientes imposibles son la definición de los 6 km de descenso. Casi cierro los ojos para pasar por algunos tramos donde, a pesar de ir casi siempre frenando, las velocidades son muy altas. La pista finaliza ya en el pueblo de Lozoya, con la sensación de haber disfrutado como hacía mucho, mucho tiempo que no lo hacía, de haber descubierto nueva zona para montar y la espinita de haber ido solo y no tomarme una cervecita en el pueblo para celebrarlo.

Algo más de 3 horas y media ciclando, 48 km y medio y 1.340 metros de desnivel positivo.

- Crónica cortesía de nuestro cabra Valentín -



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